In Fraganti

     

      

Por  tamarabiscuit

En prisión preventiva quedó la pareja de R.P. de 28 años y P.R. de 31, tras dictárseles una orden de aprehensión por asociación ilícita y ejercer la prostitición. La mujer amenazó a través de los medios, que revelaría a los clientes frecuentes que tiene anotados en una lista y registrados en su cuenta bancaria. Ambos accedieron a dar una entrevista a un famoso canal de televisión, sin temor a las represalias por parte de sus habitués, y pidieron ayuda a sus amigos poderosos para que les rebajen la pena de 10 años de presidio. A continuación, algunos extractos de la entrevista.

Periodista: ¿Por qué usted insiste en que no deben ir a la cárcel?
T.B.: Nosotros no hemos hecho nada. Sólo dedicarnos a un trabajo que es digno como culaquier otro, aunque un poco distinto.

P: Pero, ¿por qué la prostitución? Sabemos que usted trabajaba en la Bolsa y era muy exitosa y su marido es un reconocido artista.
T.B.: Por que en cierto momento de la vida, las cosas no eran muy fáciles. Y no podíamos desaprovechar esta oportunidad. Y todo surgió poco a poco. Al principio me costó entender, pero lo asimilé completamente.

P: Cuéntenos, ¿cuándo fue ese “cierto momento de la vida”?
T.B.: Me levantaba religiosamente todos los días a las 6 de la mañana y me iba a mi trabajo a las 7. Mi esposo había estado trabajando en una universidad, haciendo clases de artes, pero fue despedido porque lo acusaron de coquetear con las alumnas. El trato era que él se iba y no lo difamaban. Y aceptó… yo me enteré cuando me dí cuenta que yo era quien pagaba las cuentas. Hasta le empecé a comprar la ropa. Un día me harté y le dije que se buscara un trabajo.

P: ¿Y fue muy difícil?
T.B.: Mi marido es un flojo, le gustan las cosas fáciles. Nunca trató de conseguir trabajo. Él dijo sentirse deprimido e incapaz. Así es que le dije: Analízate y date cuenta para qué eres bueno.

P: Y consiguió “pega”.
T.B.: Claro. Llegaba con mucha plata y me invitaba a almozar siempre. Llegaba muy tarde a veces y dormía todo el día, o llegaba temprano y salíamos y lo pasábamos estupendo. En ese momento lo único que me importaba era que trajera plata y seguir con nuestra vida, porque debo confesar que es excelente en la cama. Lo que me parecía raro es que salía con una ropa y volvía con otra.

P: ¿Cómo lo descubre?
T.B.: Tres sucesos. Primero, lo llamaban por teléfono incesamentemente. Un día lo llamaron y le quité el celular y contesté yo y era una mujer. Otro día le revisé sus llamadas y tenía nombres de mujeres y le enviaban mensajitos. Segundo: ya no hacíamos el amor. Comenzó ganar más plata, a viajar, a llegar tarde y muerto de cansancio y junto con lo de las llamadas, me hizo sospechar que tenía otra. Tercero. En uno de estos viajes, estaba sola y me fui a un hotel. Llamé a un teléfono que me había dado una amiga de un hombre que era maravilloso en el sexo. Me sentía muy insatisfecha y si mi marido no me tomaba en cuenta, algo tenía que hacer. Cuando llegó el tipo, hizo una especie de show, tenía una máscara. Fue rico, como misterioso. Se quedó dormido en mis brazos y le quité la máscara: ¡y era mi esposo!

P: ¿Por qué no se enojó con él?
T.B.: ¿Cómo iba a enojarme, si yo misma le había dicho que se dedicara a lo que mejor sabía hacer? Dijo que se había alejado por temor a pegarme alguna enfermedad, pero que había visto un par de médicos y no tenía nada. Que sus clientas eran de elite y pagaban muy bien y a veces las acompañaba, cuando sus esposos no las “pescaban”, igual que a mí. Le dije que no volviera a dejarme, porque lo amaba, lo amo. Y me prometió dejar ese trabajo.

P: ¿Y por qué continuó?
T.B.: Porque a mi me hizo clic y pensé que podía convertirse en un gran negocio, dejé mi trabajo y me dediqué a administrar sus dotes, a cuidar su salud, a promocionarlo, pero con bajo perfil. teníamos un estricto sistema para mantener la seguridad de la identidad de nuestras clientas y nosotros. Es una forma honesta de ganarse los porotos. Además, él ayuda a un montón de mujeres que se sienten solas y un poco de placer puede alegrar sus vidas. Me siento orgullosa de que mi marido las ayude de esta forma.

P: ¿Y cómo los “pillaron”?
T.B.: Una vieja acusó mal servicio. Lo que ella quería era golpear a mi esposo mientras el le practicaba el acto. Eso no estaba dentro de las opciones. Así es que nos denunció.

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